El estruendo de las bombas sobre Venezuela despertó a Latinoamérica como trompetas que anunciaban la llegada de una nueva era. Estados Unidos, lidereado por Donald Trump, se ha mostrado como una bestia desesperada por frenar su declive imperial. Hambriento de recursos y poder, ha abierto una nueva etapa de la Doctrina Monroe para expandir su dominación sobre el continente.
El secuestro del presidente Nicolas Maduro y su esposa Cilia Flores, así como su juicio bajo la endeble acusación de “narcoterrorismo” en tribunales de Nueva York, después de meses de intensa propaganda y de preparación con ataques a buques en el Caribe, lanzan un mensaje claro: la existencia del derecho internacional, la soberanía de las naciones y hasta la deslegitimada Organización de las Naciones Unidas están en riesgo. Si Estados Unidos se había erguido como policía mundial para establecer el “orden” y la “democracia” en un mundo libre, ahora la deriva autoritaria de su mandatario no necesita ya de discursos eufemísticos: “queremos tus recursos, iremos por tu petróleo”, mensaje directo, diáfano y cínico en las ruedas de prensa.
Trump anunció que gobernará Venezuela: “vamos a dirigir todo. Vamos a dirigirlo, componerlo, y tener elecciones en el momento adecuado”. Una nueva era neocolonial que pone en riesgo la soberanía de todas las naciones de Latinoamérica y el Caribe, en especial, aquellos donde la voluntad popular ha colocado a gobiernos progresistas y nacionalistas que defienden sus recursos. Las derechas latinoamericanas aplauden la agresión en Venezuela y celebran la muerte de connacionales. Imploran que las bombas caigan en Cuba, Colombia, México. Su miopía política los hace confundir democracia con invasión colonial y protectorado.
Pero esta nueva era de brutalidad imperialista abre también una nueva etapa de movilizaciones populares; miles de personas han salido a las calles de Venezuela para defender el derecho a la autodeterminación. Y la solidaridad internacional ha resonado en toda la región latinoamericana y el mundo. Hasta en el corazón del imperio, en Nueva York, grandes masas han tomado las calles para repudiar la acción unilateral, autoritaria y despótica del gobierno de Estados Unidos.
Desde el Movimiento Socialista del Poder Popular, nos unimos al repudio a la agresión yanqui en Venezuela. Es hora de estar alertas y organizados contra el avance imperialista en la región que pone en riesgo no sólo la soberanía nacional de cada país, sino la vida de la población civil.
Reiteramos el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es el pueblo venezolano quien debe resolver su situación mediante un proceso político democrático, sin injerencia externa. Por ello, condenamos el acoso y ahorcamiento comercial, militar y cultural que Estados Unidos y sus aliados han impuesto durante años sobre Venezuela, así como en Cuba y otras naciones.
El secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores es un agravio al derecho internacional y una amenaza clara para todos los pueblos de América Latina, el Caribe y el mundo; por ello, debemos exigir su liberación inmediata.
¡Fuera Yanquis de América Latina!
¡Libertad a Nicolás Maduro y Cilia Flores!
¡Basta de intervencionismo en América Latina y el mundo!
¡Organización popular contra el imperialismo!
¡América Latina se ama y se defiende!
Movimiento Socialista del Poder Popular
6 de enero de 2026






