El ascenso de un nuevo régimen mundial que “desregula” completamente los conflictos e invasiones a capricho de EUA e Israel está constituyendo una de las formas más descarnadas de violencia contra los pueblos. Al belicismo, que expresa la decadencia de la hegemonía estadounidense, se suma la expansión del capitalismo digital de plataformas que precariza de manera transversal el trabajo y, por tanto, arremete contra los intereses de la clase trabajadora mundial. Pauperización que es instrumentalizada por la extrema derecha.
Esta situación de violencia geoestratégica y atomización de las y los trabajadores está promoviendo la profundización de la destrucción de los lazos de solidaridad social entre trabajadores. No obstante, la memoria de la lucha obrera sobrevive en sindicatos como el USB en Italia que llamó a la movilización internacional y al bloqueo ante el genocidio en Palestina.
Es esperanzador saber que, aún con la ofensiva derechista a nivel mundial y el deterioro del nivel de vida de millones de personas, la movilización de masas y la unidad de trabajadores está jugando un papel fundamental en la deslegitimación del trumpismo a nivel mundial. Desde las históricas movilizaciones del “No Kings” en el corazón del imperio y la victoria de Mandani en Nueva York, hasta el mantenimiento de expresiones diversas de izquierda y socialistas en diversas partes del mundo.
Este 1ero de mayo debemos reforzar la lucha anticapitalista y avanzar en la construcción de una alternativa para la clase trabajadora en las nuevas dinámicas laborales. Sin embargo, esto pasa por construir un movimiento político que sea capaz de dar esperanza a las nuevas generaciones.
Creemos que frente a la crisis del sistema capitalista y la pugna interimperialista, construir una alternativa ecosocialista es necesaria para luchar por mejores condiciones laborales, pero también por reorganizar la producción a partir de las necesidades del conjunto del pueblo, para evitar el avance de la catástrofe climática y ambiental global.
Los intereses de los capitalistas y las cabezas de los imperios van en contra del bienestar de las y los trabajadores y los pueblos que consideran desechables. Oponernos a su política de muerte con internacionalismo es una tarea de primer orden.
Es crucial que el trabajo no remunerado de las mujeres en la “esfera privada” siga siendo politizado y visibilizado para impulsar la necesidad de un cambio estructural del capitalismo patriarcal, que se sostiene sobre trabajo gratuito no reconocido. En este sentido,el movimiento de mujeres sigue siendo un motor que empuja las reivindicaciones más fundamentales de las mujeres en gran cantidad de países.
Debemos impulsar una política antirracista, para abolir estructuras sociales que marginan, excluyen, criminalizan y persiguen a grupos sociales; el racismo es la bandera de la extrema derecha para dividir a la clase trabajadora.
Hoy debemos construir un espacio donde las disidencias sexogenéricas, el movimiento de mujeres, las acciones antirracistas, la defensa del planeta y el territorio y la lucha de los pueblos que resisten al imperialismo tengan una explícita convergencia con la lucha de las y los trabajadores del mundo.
¡Por un Día Internacional de las y los trabajadores antifascista y antiimperialista!





