Las relaciones materiales de producción y reproducción constituyen los cimientos tácitos de toda realidad social, así pues, la sexualidad y las lecturas generizadas sobre nuestros cuerpos tienen una correspondencia con los procesos de acumulación por desposesión que caracterizan el capitalismo actual. Tanto la comprensión de sus crisis como la de su forma desigual y combinada devienen fundamentales para entender los regímenes sexuales hegemónicos de nuestro tiempo y las disputas que se generan en su sí. Por ello, caracterizar los rasgos estructurales, tendenciales y de fondo de la crisis actual del capital nos sirve como punto de partida para analizar el contexto que atraviesa la construcción de una política sexual radical.
- El agravamiento de las crisis múltiples, sucesivas y entrelazadas que marcan el período actual se da bajo un marco de reconfiguración de las relaciones del metabolismo ecológico y ambiental, que se ha dado un salto de calidad y cantidad en términos de degradación y translimitación. Esta situación nos expone a un ciclo largo de turbulencias, catástrofes y cambios para los cuales el capital se encuentra lejos de estar preparado con su política económica cortoplacista, y deviene un campo central de la lucha de clases de una crudeza sin precedentes que se expresará en coordenadas más allá de conflictos de carácter puramente ambiental.
- Las contradicciones que apunta la crisis ecosistémica suponen un reto en proceso de expansión constante de las fronteras de acumulación del capital que, ante el choque con los límites biofísicos del planeta, se vuelve más evidente que su limitación reside en las fuentes de su riqueza. Ante ello, el capital agudiza los conflictos geopolíticos e imperialistas; aumenta su violencia intensificando la tasa de explotación sobre el trabajo, la naturaleza y las fuerzas de reproducción; y refuerza su tendencia hacía prácticas rentistas, de espolio y desposesión presentes en sus circuitos secundarios de extracción de valor.
- Las turbulencias que acarrean estas tendencias del capital suponen una reestructuración del régimen de acumulación, y llevan implícitas unas modificaciones sobre las relaciones de género, las configuraciones raciales, los regímenes sexuales y las estructuras que las sustentan. Cambios que no están sincronizados, ni se dan de forma inmediata, pero que crean un marco de impugnación y control mayor ante la posibilidad de transformación –que en el escenario actual toman forma reaccionaria, conservadora y liberalizadora.
Las tendencias de este escenario político han ido de la mano con la consolidación de un eje político de conflicto entre el progresismo y la extrema derecha que, pese a sus diferencias, no ha producido cambios de regímenes políticos ni disrupciones en la primacía de la obtención de beneficios. Este equilibrio extremadamente precario afecta a la consciencia de clase y a la expresión del conflicto, imponiendo la necesidad de una guerra posicional que tensione, que reconstruya una vanguardia amplia y que haga de la solidaridad una praxis medular de la lucha de clases, sin hacer concesiones a nadie, manteniendo una flexibilidad táctica y una claridad estratégica intransigente. El valor de defender posiciones anticapitalistas en este contexto es clave y fundamental ante la posible apertura de brechas en el camino.
- La ofensiva reaccionaria en el Estado español
La asunción de un escenario en que la impugnación y el control de la sexualidad devienen un campo de políticas reaccionarias, conservadoras y liberalizadoras, nos lleva a visibilizar un escenario donde la lucha LGBTIQA+ ha adquirido importancia en nuestro escenario político.
Si el anterior ciclo se cerraba con la estabilización del fenómeno de la extrema derecha, también se observaba una mayor politización de sectores dispersos fundamentalmente de la juventud alrededor de la cuestión de la identidad en clave de resistencia y reconocimiento ante la ofensiva reaccionaria. Este hecho situó el movimiento LGBTIQA+ como un lugar en expansión, dinámico, pero desorganizado en el que debemos ser capaces de dar un proyecto de emancipación radical. Y no es una tarea simplemente deseable, sinó que impera la urgencia ante una extrema derecha cohesionada en torno a un programa que supera lo económico, articulando una comprensión cultural e identitaria fundamentada en una masculinidad reactiva al feminismo y a las disidencias, una masculinidad que combina raíces anteriores con nuevos elementos profundamente antisociales.
El imperio de esta masculinidad enraizada en el proyecto reaccionario ha situado, sobre todo mediante sus herramientas propias de difusión –medios digitales y tradicionales–, a las realidades LGBTIQA+ como un enemigo a batir. Agitando el heteronacionalismo ha conjugado una serie sujetos perdedores del capitalismo actual en los que aglutina sectores diversos más allá de los conocidos por la extrema derecha, apelando también a buena parte de sectores del reformismo que se leen como abandonados y capas afectadas por la hiper intensificación sujeta a la uberización del trabajo. El heteronacionalismo no representa más que el rechazo a un reformismo agotado y sus formas políticas tradicionales, el rechazo al lobbismo y sus medidas identitarias, y la pasivización basada en el chantaje y el paternalismo de los movimientos que responden desde una promoción única de las políticas de identidad. Un escenario que se configura a través de la creencia de un actuar en base a “chiringuitos”, el malgasto público, el abandono de la clase trabajadora –de la cual se lee como escindida de lo LGBTIQA+ y se olvida el nivel de precariedad en la que se encuentra gran parte del colectivo– y la asociación directa de la diversidad sexual y de género con el reformismo de la etapa anterior en su fase más débil.
Esto ha permitido a la derecha que, en un proceso de agudización de la reacción, se haya conseguido cohesionar grupos de distintas clases sociales en una alianza interclasista con la capacidad de generar en su base una fuerte oposición hacía las identidades disidentes y un mayor fraccionamiento de la clase trabajadora.
- Ambivalencias en la articulación del movimiento LGBTIQA+
El escenario que dibuja el heteronacionalismo en el Estado español se ha desarrollado a la par de un aumentó de las políticas liberalizadoras de domesticación y asimilación de las disidencias sexuales y de género. Tras un velo homonacionalista que esconde una tolerancia represiva hacia las rupturas de la norma cisheteropatriarcal, estas políticas se sitúan dentro del programa reaccionario y devienen uno de los instrumentos del capital para integrar y representar sectores LGBTIQA+ de clases medias y altas. Así, ciertos sectores asumen el papel de garantes del liberalismo como forma de acceder y disfrutar de “derechos y libertades” desde el privilegio que les otorga su posición dentro del régimen de producción capitalista.
Es fundamental ser capaces de reconocer los peligros que conlleva esta política sexual liberalizadora del capital y visibilizar la fragmentación que lleva en su capacidad de asumir la hostilidad contra la clase trabajadora, la deshumanización y asesinato de migrantes en las fronteras del Estado y en los barrios de las ciudades a manos de la policia, o incluso soportar determinadas dosis de violencia hacia disidencias sexuales y de genero simpre que se les permita difrutar en un en torno seguro de sus vidas gays. Pues, debemos asumir que las lógicas reaccionarias también operan y se reproducen dentro de los confines de las vidas LGBTIQA+ y que es el espacio dónde, en buena parte, articulamos y debemos articular la respuesta a la ofensiva sobre nuestros cuerpos y vidas en disputa.
- Oportunidades para un anticapitalismo queer
Ante respuestas que no son universalizables para el conjunto de la clase trabajadora y que sustentan la reproducción del estado actual de las cosas, para nosotres es importante reivindicar el marxismo queer como factor estratégico en un escenario como el actual. En aras de plantear una política sexual radical capaz de apelar al conjunto de las clase trabajadora es fundamental recoser el sujeto de clase –dividido, fragmentado y atomizado– desde las luchas que permitan superar la posición defensiva, para dar un vuelco a la relación de fuerzas y pasar a la ofensiva. Sin caer en mesianismos, consideramos que un movimiento LGBTIQA+ sano y anticapitalista es clave para ello tanto por su dinámica en crecimiento como por su oposición directa a la reacción.
Las potencialidades de un movimiento LGBTIQA+ anticapitalista deben servir para extender su fuerza e intentar dar un salto fuera de las lógicas de fragmentación e identidad. Reivindicarse como parte de un programa de y para la clase trabajadora, que se reconoce en cada una de las luchas que la ocupan y que la preocupan en su conjunto, consciente de ser parte de su riqueza y diversidad. Esta tarea pasa por un primer reconocimiento de las tensiones que se dan, existen y habitan dentro del propio sujeto LGBTIQA+ y abandonar aquellas formas políticas que en pasado homogeneizaron pero que a día de hoy representan una fuerte debilidad.
Un ejemplo de ello lo encontramos en la derogación de la Ley Trans la Comunidad de Madrid que, pese a una relativa fuerza del movimiento queer crítico dentro de la ciudad, la capacidad de resistència al pulso frente al gobierno de Ayuso se vió mermada porque, en última instancia, la ley fue una concesión que respondió a un proceso de lucha pero que fue incapaz de extenderse, y que terminó siendo una reivindicación cooptada por un gobierno progresista que se asumió como representante del movimiento desposeyéndolo de su voz y agenda propia en la contienda. Esta realidad supuso que la Ley Trans de la comunidad saliera adelante en una correlación de fuerzas debilitadas, y lejos de ser una excepción: este caso ejemplifica la importancia de extender más allá de la institución nuestra lucha y reivindicaciones, y de hacerlo de la mano con el conjunto de la clase trabajadora. Una política sexual radical es una política para todes, más allá de los límites de la identidad sexual y de género de cada une.
Es desde aquí que nuestro objetivo se condensa en romper la sectorialización de las luchas y las reivindicaciones de las disidencias LGBTIQA+, abandonar los límites del lobbismo de plataformas y así avanzar hacía la constitución de experiencias conjuntas con diferentes sectores de la clase trabajadora. La recomposición del movimiento LGBTIQA+ como parte de la recomposición del sujeto de clase, pues, pasa por reagruparnos frente a las amenazas reaccionarias, conservadoras y liberalizadoras sin el chantaje del reformismo sin reformas, rearmando una propuesta de emancipación capaz de hacer saltar por los aires su propuesta basada en la explotación.
Conscientes de los límites de los procesos de afirmación identitaria a nivel individual que se multiplican en los contornos de la política queer, observamos a la par fisuras y pequeñas bifurcaciones que abren el espacio para una política sexual anticapitalista capaz de ampliar el movimiento y el sujeto que lucha, participa y se empapa de él. Asistimos a un pequeño avance de posiciones de un anticapitalismo queer en el que se desentierra el legado de grupos militantes como el FHAR (Frente Homo Sexual de Acción Revolucionaria) o el FLG (Frente de Liberación Gay), las experiencias de Mayo del 68 más diversas o, incluso, el rearme teórico del marxismo desde las disidencias sexuales y de género en respuesta a la esencialización de otros sectores. La explosión de identidades supone un revulsivo y un despertar de interés hacía una política queer verdaderamente radical, con memoria, programa y estrategia propia.
Sin mistificaciones ni determinismos, nuestra propuesta de acción revolucionaria en tiempos lentos y de crisis se centra en recoger aquellos pequeños fragmentos, aquellas experiencias de lucha de las disidencias sexuales y de género que nos permiten poner en práctica elementos estratégicos y políticos para una política de la totalidad. Saltándonos la línea de puntos y así, sembrar las semillas de la liberación queer que hemos recogido y construido con otres en los diversos movimientos que organizan, cuidan, expresan y dan forma al conjunto de las luchas de la clase trabajadora. Este marxismo queer es el que queremos reivindicar como parte de nuestro arte estratégico.
Joana Bregolat y Alberto Cordero son militantes del Área de Disidencias LGTBIQA+ de Anticapitalistas.